50 años de Xermolos, haciendo comunidad para la Terra Chá

Cincuenta años después de su fundación en Guitiriz, la asociación Xermolos celebra en 2026 un aniversario que no es solo una efeméride, sino una reafirmación de su compromiso con la cultura, la lengua y la identidad de la Terra Chá. Así lo expresa su presidente y fundador, Alfonso Blanco, que habla de este momento con una mezcla de memoria, gratitud e ilusión de futuro.
“Cada día tiene su mensaje. Este es un año especial, pero todos los años tienen sus objetivos”, señala Blanco. El 50 aniversario será, sobre todo, un tiempo para recordar a las personas que ya no están físicamente, pero que forman parte inseparable del tejido asociativo que fue creciendo alrededor de Xermolos.
La programación combinará las citas habituales del calendario anual con propuestas extraordinarias. Entre ellas, la organización de un congreso alrededor de la cultura en el rural, que sirva para reflexionar sobre el pasado y el presente del movimiento cultural gallego fuera de las ciudades.
El aniversario arrancó con la publicación de un almanaque para 2026 y continuará con la edición de un cuaderno monográfico dedicado a la aportación de Xermolos a la música a lo largo de estas cinco décadas, en un homenaje especial al maestro Xesús López Ares, figura clave en la trayectoria musical de la entidad.

EL SECRETO
Cuando se le pregunta por el secreto de una continuidad tan larga, Alfonso Blanco no duda: “La valoración de la igualdad y de la pluralidad en la sociedad que estamos construyendo, gracias a un voluntariado generoso y creativo”.
Para él, el espíritu de Xermolos está en el voluntariado que se va sucediendo generación tras generación, desde la libertad y la creatividad de cada uno. A eso se suma el profundo aprecio por la identidad chairega: el paisaje, el habla, la historia y las artes que conforman el ser de la Terra Chá.
Más que una estructura formal, Xermolos se define como una comunidad viva, donde lo importante no son los números sino el compromiso. “No queremos cifras; valoramos el esfuerzo y el trabajo en común”, insiste el presidente.
La asociación nació en Guitiriz, pero con el paso del tiempo fue extendiendo su presencia y colaboración a otras localidades y comarcas. Uno de los grandes escaparates de este espíritu abierto es el Festival de Pardiñas, donde la música gallega dialoga con las músicas de otros pueblos.
Según Blanco, el respeto por las diferencias marcó la historia de Xermolos. A lo largo de los años, fueron convocados a encuentros y eventos en distintas comarcas gallegas, compartiendo su experiencia y aprendiendo de otras asociaciones, tanto de Galicia como de fuera. “Estos encuentros enriquecen nuestro camino y hacen pueblo”, resume.
EL SIGNIFICADO DE UN NOMBRE
El propio nombre de la entidad encierra toda una declaración de intenciones. Los “xermolos” son los brotes de las plantas, como en las patatas, que concentran la energía vital sin olvidar la raíz y la tierra que los alimenta.
Para Alfonso Blanco, esa metáfora es clara: “Los Xermolos son la gente joven que está dando impulso al vecindario y a la comunidad”. Así conciben el trabajo asociativo: como un brotar constante, enraizado en la tradición pero proyectado hacia el futuro.
A lo largo del año, Xermolos impulsa o colabora en un amplio abanico de actividades: la celebración del Entroido, la Cabalgata de Reyes, la Festa da Fala en mayo, certámenes dirigidos a la infancia y a la juventud, o la Festa da Dignidade en el Pedregal de Irimia, en colaboración con la Irmandade Manuel María.
También forman parte de su calendario el recuerdo de Manuel María en Outeiro de Rei cada 8 de septiembre o el Paseo dos Soños en Vilalba, iniciativas que mezclan memoria, reivindicación y participación ciudadana.
De cara a los próximos años, el objetivo es claro: escuchar más al vecindario y fortalecer el trabajo en red con otros colectivos. Xermolos quiere seguir reivindicando la música como canal de comunicación durante todo el año, dar a conocer el patrimonio chairego y ofrecer espacios para que los niños y la juventud expresen sus emociones y talentos.
Cincuenta años después, Xermolos continúa brotando. No como una institución anclada en la nostalgia, sino como un movimiento que entiende la cultura como herramienta de cohesión social, identidad compartida y esperanza colectiva.