Francisco Narla, escritor y piloto: “Para ser un buen escritor, lo que hace falta es vivir con intensidad”

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Francisco Narla, piloto de avión y escritor, con un recorrido de toda una vida dedicada a contar historias, creando escenarios y haciendo vivir al lector un viaje en el que acompañarle
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19 Aug 2026

Jessica Fernández

¿Un escritor nace siendo lector?

Sí, yo creo que es inevitable que, para ser escritor, haya que ser lector. Yo sigo siendo un lector ecléctico y casi compulsivo. No necesito un diagnóstico psiquiátrico, pero casi. Leo mucho y, de hecho, cuando no leo, escucho audiolibros.

La culpa de mi vocación la tienen las lecturas. Yo, aparte de enamorarme de las historias como consumidor, supe muy pronto que quería contarlas, porque las historias de Antoine de Saint-Exupéry, sobre todo El principito y Vuelo nocturno, me impresionaron muchísimo. Esas historias de ese piloto francés me llenaron la cabeza de pájaros y quise convertirme en piloto y escritor. Es una vocación que llevo conmigo desde pequeño.

Por eso creo que uno se hace escritor en la infancia. A mí, lo que me gustaba hacer en el colegio eran las redacciones y contar historias a partir de lo que leía. No sabría decir una edad concreta, pero desde pequeño sabía que me gustaba contar historias y hacerlo de una manera un poco especial.

Como todos los artistas, empiezas copiando las cosas que te gustan. Yo creo que es una manera natural de que el artista, en la disciplina que sea, empieza a imitar aquello que le gusta y tarda en dominar, gracias a imitar lo que le gusta, te acabas convirtiendo en un artesano decente y con el tiempo y un poco de suerte conseguirás tu propia voz y te convertirás en un artista con identidad propia.

Y, como casi todos los escritores, también toqueteas un poco la poesía porque, cuando empiezas y eres un ignorante, te parece que la poesía es más fácil que escribir una novela de 800 páginas. Eso solo significa que no tienes ni idea de lo que estás haciendo, porque la poesía es, probablemente, lo más difícil. Sin embargo, tiene esa engañosa apariencia de facilidad y empiezas escribiendo algunos poemas.

Poco a poco vas creciendo y, al principio, te parece imposible abarcar una novela. Pero, a medida que pasan los años y vas cogiendo algo de práctica, ya empieza a parecerte algo factible.

¿Cómo recuerda el proceso de escribir tu primera novela?

Mi primera obra fue Los lobos del centeno y la escribí, básicamente, tirando de morriña. Fue una época en la que vivía en el desierto de Mojave, donde estaba estudiando en la escuela de pilotos de pruebas, y echaba muchísimo de menos el verde de Galicia. Vivir en medio del desierto agobiaba un poco a alguien criado en los montes gallegos.

La morriña, el echar de menos el verde y los cuentos de mi tierra fueron los que me impulsaron a escribir esa primera novela. Es una novela de terror costumbrista en la que recojo buena parte de los cuentos que había leído de niño y los transformo en un argumento común a través de las páginas, para dar vida a buena parte del imaginario gallego. Esa es una constante en todas mis historias, donde Galicia, su historia y sus protagonistas siempre cobran vida.

En cuanto a si es más difícil o menos escribir una obra con el paso del tiempo, yo creo que, si un artista está comprometido, y yo creo que lo estoy, siempre es el mismo proceso. Te fijas el máximo objetivo y tratas de llegar a la cumbre. Es como un corredor que empieza a correr. El primer mes, a lo mejor, solo es capaz de hacer dos kilómetros y luego cae desfallecido. Pero, a medida que sigue entrenando, otro día hace cuatro y, poco a poco, de repente te das cuenta de que ha pasado un año y ya eres capaz de hacer diez kilómetros a buen ritmo y de buena manera.

En el arte ocurre lo mismo. Cada nueva obra debe ser mejor que las anteriores y, por eso, siempre te llevas al límite. Si eres un artista responsable, buscas el límite de tu capacidad, te entregas de todas las maneras posibles y el proceso debe doler, debe ser complicado y debe ser duro. Eso significará que, con algo de suerte, lo que estás entregando en la página, en el lienzo, en la partitura, en el escenario o en el plano de un edificio merecerá la pena. Si tú no das algo de ti en la obra que estás entregando, nunca serán obras que realmente merezcan la pena.

¿Lo que vive le inspira para crear sus novelas?

Sí, mi segunda novela, ‘Caja Negra’, tiene como protagonista un piloto, y es una novela de misterio, con un piloto de largo radio que aprovecha sus viajes para ser un asesino muy difícil de capturar, porque si hoy asesinas en Bangkok, y mañana en Nueva York, es muy difícil que nadie te siga la pista. Creo que era una premisa divertida, pero evidentemente es una segunda novela donde todavía soy muy novato. En ese aspecto, me ha ayudado en muchas ocasiones a conocer, a viajar, a ver, y a descubrir personas y caracteres que al final es lo que te importa para escribir buenas historias. Cuando tienes una vida en la que has visto mucho mundo, y has conocido a muchas personas distintas, le robas un poquito a cada una y lo puedes poner en la página y darles color. Y esa vida como piloto dando tumbos sí me ha ayudado también a documentarme.

¿Es indispensable viajar para poder escribir un buen libro?

Yo creo que no es necesario en absoluto. Escribirás otro tipo de historias. Para mi tipo de historias es necesario, porque a veces hay grandes viajes y escenarios lejanos, y quizá mis historias son así porque yo he vivido eso. Pero ‘Crimen y castigo’ trata sobre un hombre que se despedaza a sí mismo por la culpa. No tienes por qué haber viajado mucho para poder escribir como escribió Dostoyevsky. Quizá lo que hace falta es, como decía Hemingway, que Dostoyevsky empezó a escribir bien después de haber pasado por el Gulag, después de que lo enviaran a Siberia. Lo que hace falta es vivir con intensidad. Decía Hemingway también que hay que escribir sobre la puta y jodida verdad en el sentido de que tienes que escribir sobre aquello que vives y conoces. Tienes que coger esas experiencias que tú has vivido, vivirlas intensamente y estar dispuesto a desnudarte y ponerlas en la página. Si tú eso lo acompañas de viajes escenarios, pues bien, pero hay grandes novelas que no tienen eso y son maravillosas igualmente y hay otras que lo tienen y que no son una mierda. En el arte, lo auténtico es lo más duro de conseguir, porque normalmente te da miedo, sientes vergüenza, no es fácil hablar de tus miedos de niño y adjudicárselo a los personajes.

Desde Friol ha llegado a ser un autor reconocido allá donde va. También se da a conocer en presentaciones de libros y ferias del libro, ¿cómo valora estos encuentros?

Los encuentros con los lectores son siempre maravillosos porque son la manera que tiene un escritor de volver a vivir sus historias a través de los ojos de quienes las leen. Yo estoy encantado y siempre he procurado ser muy activo en ese tipo de actividades. Desde hace muchos años acudo a la Feria del Libro de Madrid, a Sant Jordi y a las grandes celebraciones del libro. También procuro estar presente en las ferias del libro de Galicia, porque ese encuentro con los lectores me resulta muy agradable y es algo que espero con ilusión. Creo que forma parte de mi trabajo como escritor, porque siempre hay alguien que quiere hacerte una pregunta, conocer mejor tus libros o saber un poco más de ti.

Con ya 13 novelas, ¿tiene en mente la siguiente?

Sí, yo espero seguir escribiendo hasta que no pueda hacerlo, toda mi vida. Me gustaría seguir escribiendo hasta el final de mis días porque es algo que me apasiona. El proyecto más inmediato en el que estoy inmerso es la promoción de la segunda entrega de la trilogía Compostela, formada por ‘Ultreia’, ‘Suseia’ y ‘Santiago’, que verá la luz en septiembre.

A través de estas tres novelas he intentado hacer un retrato de los más de mil años de historia del Camino de Santiago y de sus múltiples dimensiones: el poder, la política, la corrupción, el arte, la redención o la espiritualidad. Cada una de ellas se sitúa en un momento concreto del Camino con un gran interés histórico y cultural, reivindicando, como siempre, nuestra historia.

Por ejemplo, en ‘Suseia’ aparecen las Cortes de León de 1188. Me parece increíble que no presumamos más de que la democracia moderna nace en el antiguo reino de Galicia y León. Fue entonces cuando, por primera vez, los ciudadanos votaron y eligieron representantes en un sentido parlamentario moderno.

Pero, por encima de esos grandes acontecimientos históricos, siempre tiene que haber una historia humana. En el caso de ‘Suseia’, el protagonista es el maestro Mateo mientras concluye la catedral. La novela muestra cómo un hombre puede llegar a destrozar su vida, romper su matrimonio y alejarse de su hijo por perseguir la perfección, por querer convertirse en el mejor artista posible y levantar la obra más extraordinaria.

Esta trilogía sobre el Camino de Santiago me mantiene completamente ocupado durante este año. Al mismo tiempo, ya estoy preparando algunas ideas para la novela que publicaré el año que viene. Tengo varios proyectos en mente, aunque, por ahora, prefiero no adelantar nada.

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