Llevemos el lobo a las aulas

LugoXa | TerraChaXa
"En el pasado mes de abril, en una escuela lucense de Friol, tuve la oportunidad de acercar la cultura lobera a los tres niveles educativo"
lobo-monte
31 Aug 2026

Por Concha López Llamas
Bióloga, Catedrática de Secundaria y Escritora de Naturaleza

Desde la Ciencia de la Ecología sabemos que un monte o bosque habitado por Canis lupus, especie apical de los ecosistemas ibéricos, es un monte o bosque equilibrado que testifica salud a quienes coexisten con él, entre los que nos incluimos. Dado su estado “desfavorable” conforme a los estándares científicos, urge, no solo asegurar la población de lobos existente en España, sino favorecer su aumento y expansión a otros territorios ibéricos, que ancestralmente ocupaban, para potenciar la diversidad genética y reducir la endogamia que sufre la especie.

La población infantil o juvenil que vive en las ciudades se encuentra especialmente desconectada de lo que le ocurre al resto de las especies ibéricas y en especial al lobo. Las niñas y niños lo hacen desde los cuentos ilustrados, pero éstas bellas obras no suelen reflejar la realidad etológica y ecológica de la especie protagonista.

¿Es posible que la población de menor edad pueda realizar un ejercicio de tránsito del lobo maligno al lobo real? ¿Podrían deconstruirse, en sus jóvenes mentes, los mitos en su contra que las sociedades occidentales han elaborado desde milenios atrás? ¿Desde dónde se podría trabajar la resignificación del lobo?

Las aulas de Colegios e Institutos y los Centros de Educación Ambiental serían los mejores lugares para hacerlo.

Las actividades didácticas deben ir encaminadas a mostrar la cultura lobera, conformada por conductas complejas y exitosas, atesoradas a lo largo de su historia y transmitidas de generación en generación. Conductas que se alteran por las modificaciones que generamos en sus hábitats, profusas y tóxicas, como resultado de la cosmovisión antropocéntrica con la que interpretamos todo lo vivo.

En el pasado mes de abril, en una escuela lucense de Friol, tuve la oportunidad de acercar la cultura lobera a los tres niveles educativos.

En todos ellos fue necesario partir de sus conocimientos previos, o de sus sentimientos hacia el lobo, atesorados en los primeros años de su vida. Puntos de anclaje imprescindibles para enriquecerlos o modificarlos. De esta manera, el aprendizaje adquirido podría resultarles significativo.

En Infantil, los cuerpos fueron el recurso. El mío, en representación del de una loba madre, y el de ellos y ellas, que hacían las veces de lobeznos o lobeznas. A través de lo que les narraba, comenzaron a escenificar lo que podrían sentir los pequeños cánidos: al tocar el contorno de la guarida; al experimentar con el ladrido hasta transformarlo en aullido; al caminar en línea recta, de a uno, para abordar paseos por el monte-aula; o al percibir frío o hambre. Aquellas experiencias de seres indefensos las tenían muy cercanas en el tiempo. Solo debían revivirla como pequeños “sapiens-lupus”.

“¡Mama loba, te voy a echar de menos!” me dijo una niña de seis años al despedirse de mí.

Recapacitar sobre ¿cuánto de lobo hay en mí? me pareció la estrategia adecuada para trabajar con el alumnado de Primaria. Sus respuestas les llevaría a empatizar con el cánido salvaje. Se hacía preciso que conectaran, en primer lugar, con “su lobo interior,” probablemente estigmatizado, dándole visibilidad a través de un sencillo y rápido dibujo, con aporte de un solo color y una única palabra.

Las situaciones que abordé para favorecer el dilema fueron las concernientes a las fases de reproducción y crianza, de fácil asimilación, dado que se encuentran en la zona de desarrollo próximo del alumnado. A través de procesos como los del parto, el amamantamiento, los del tránsito a la ingesta sólida por parte de los dos progenitores, los de “coeducación” a través del juego entre hermanas/os, o los del cuidado, que cuando el grupo familiar es amplio se extiende a miembros de distinto orden, resulta fácil establecer correspondencia entre sapiens y lupus. Su acervo de vivencias al respecto de estos temas es amplio, con los miembros por llegar o recién nacidos en el ámbito familiar, o a través de la observación directa del comportamiento de los adultos: progenitores, abuelos, tíos o primos.

La asimilación de estos aprendizajes se detectó con cierta facilidad cuando les pedí que expresaran, de nuevo, con dibujo, color y palabra, el lobo que entonces les habitaba.

En Secundaria, el alumnado se encuentra preparado, por su desarrollo psicoevolutivo, para abordar contenidos relacionados con la conducta predatoria de Canis lupus.

La actividad diseñada para este nivel, en pequeños grupos o en gran grupo, partió desde preguntas ordenadas como: ¿Os doy miedo? ¿Creéis que os ocasiono problemas? De coexistir en el mismo territorio, ¿nos preferís en solitario, o en manada? ¿Sabéis como reaccionamos en manada cuando acaban con la vida de algunos de nosotros? ¿Qué pasaría en el monte si desapareciésemos?

Dichas cuestiones facilitaron la llegada de respuestas múltiples, entre las que surgieron algunas próximas a las aportadas por la Ciencia, de las que tiré para consolidar el aprendizaje adecuado, sin imposición por parte del profesorado y libre de respuestas ligadas a las consignas que brotan del imaginario colectivo, por lo general alejadas de la realidad etológica del lobo.

Mis experiencias, en este nivel, se han visto recompensadas con el agradecimiento y la viva implicación del alumnado durante el proceso, dejando, en muchos casos, la puerta abierta para profundizar en el conocimiento de Canis lupus.

0.14462208747864