Soledad García Rivero: “El gallego necesita seguir presente en los espacios donde se crean los afectos”

Soledad García Rivero: “El gallego necesita seguir presente en los espacios donde se crean los afectos”
La escritora, ilustradora e impulsora de Emocionaria defiende el papel de la literatura, la naturaleza y la infancia como herramientas para fortalecer el uso del gallego y fomentar el respeto por el patrimonio y la biodiversidad
Con más de una veintena de obras publicadas, Soledad García Rivero ha convertido la literatura infantil en el eje de un proyecto cultural que une lengua, educación ambiental y compromiso social. A lo largo de su carrera ha impulsado, además, el proyecto Emocionaria, una iniciativa que busca despertar la curiosidad y crear vínculos emocionales con el territorio, la naturaleza y la lengua
¿Cómo comenzó tu faceta como escritora?
Pues de una forma muy natural. A mí siempre me ha encantado escribir y pintar. Ya en el instituto escribía en la revista escolar, pero mi verdadera fuerza creativa surgió con la maternidad.
Hubo un momento muy significativo en nuestra familia, en el que atravesamos una situación de ruido muy tensa que me obligó a aprender a perder. En esa etapa me di cuenta de que escribir era una manera de que mi cabeza dejase de darle vueltas a las cosas. La escritura se convirtió en un refugio, al mismo tiempo que los libros nacían junto a mi hija y sus preguntas. Por ejemplo, en DEDAS di vida a Sorpresa, una niña que consigue cumplir su sueño de convertirse en sirena. ZOO Libre surgió porque no quería que visitase el zoológico y viese a los animales enjaulados. Y, en SAMAGOSTÍN, quería recuperar una tradición tan nuestra como el Samaín, el final del verano, y ayudar a vencer el miedo a los seres oscuros que rondan la noche del 31 de octubre.
A lo largo de tu trayectoria has publicado más de una veintena de obras y has recibido numerosos reconocimientos. ¿Cómo ha afectado esto a tu carrera?
Con cada libro abro una nueva puerta que me permite tratar un tema que me preocupa. Los premios y los reconocimientos son una alegría porque dan visibilidad al trabajo, pero lo más importante sigue siendo el encuentro con las lectoras y los lectores.
Lo que más me emociona es ver cómo un libro provoca una conversación, anima a una familia a hacer una ruta o hace que una niña o un niño mire un árbol, una playa o un animal con otros ojos, incluso hasta el punto de adoptarlo. En realidad, es una pasión. Por desgracia, es muy difícil vivir de la literatura. Lo que quiero es seguir construyendo un proyecto en el que el álbum ilustrado, la poesía, la divulgación, el cómic y los libros con rutas sean herramientas para aprender, emocionar y crear conciencia.
Además de escritora, eres ilustradora, realizas sesiones de cuentacuentos e impulsas proyectos culturales. ¿Cómo combinas todas esas facetas?
La realidad es que todas forman parte del mismo proceso creativo. En mis primeros libros conté con ilustradoras maravillosas como Ángela Costas, Natalia Guisande y Laine Villero. Siempre que escribo ya estoy imaginando las ilustraciones, la música, los juegos o las actividades que acompañarán esa historia, por eso me animé de nuevo a ilustrar. Quien me conoce bien sabe que, antes de escribir, pintaba.
Me gusta que los libros continúen más allá de sus páginas. Por eso muchas de las obras incluyen audios, vídeos, canciones, rutas y actividades. Creo que la mejor forma de divulgarlos es a través de los cuentacuentos, de los proyectos solidarios y de experiencias como las campañas Adóptame en Vigo, Vigo Planeta, El árbol de los chupetes en el arboreto de la Fundación Sales o La cocina de los cuentos en los colegios. Pero nada de esto sería posible sin mi familia. Mi marido y mi hija forman parte de mi sueño, Emocionaria.
Por otra parte, formas parte del grupo de Promoción del Uso del Gallego (PUGA). Desde tu experiencia, ¿cuáles son los principales desafíos para la normalización del gallego hoy?
Creo que el mayor desafío es conseguir que el gallego sea una lengua de orgullo y que forme parte de las emociones y de la vida cotidiana. Las lenguas no se conservan solo porque se estudien; hay que mantenerlas vivas en el juego, en las canciones, en las historias que nos contamos y en la forma de relacionarnos.
La cultura tiene una responsabilidad importante. Si conseguimos que una niña o un niño asocie el gallego a un cuento, a un paseo por la naturaleza o a una actividad divertida, estaremos creando un vínculo mucho más fuerte. El futuro de la lengua pasa por conseguir que las nuevas generaciones la sientan como algo propio y vivo y, sobre todo, que estén orgullosas de ella.
Respecto al proyecto Emocionaria Arte y Literatura, ¿cómo nace esta iniciativa?
Emocionaria nació en 2021 bajo el lema “Un cuento, una emoción”, con la idea de crear libros en gallego que uniesen literatura, arte, naturaleza, patrimonio, educación ambiental y compromiso social, acompañados del hashtag #ogalegocomovozdaterra.
A partir de la saga Garatuxas do Val Miñor, el proyecto fue creciendo hasta convertirse en un ecosistema cultural en el que conviven la creación literaria, la ilustración, la poética, los cuentacuentos, la divulgación ambiental e incluso la poesía visual. Todo está conectado.
Emocionaria se define como un “ecosistema cultural”. ¿Qué significa exactamente esa idea?
En un ecosistema todo se relaciona y todo se necesita. Eso es Emocionaria. Un libro puede convertirse en una ruta, en un taller, en una canción, en un audiolibro, en un videolibro o en un encuentro.
Los libros no terminan en la última página. Crecen con las personas que los leen y con las experiencias que nacen a su alrededor. Ese es el sentido de hablar de un ecosistema cultural.
¿En qué consiste exactamente el proyecto? ¿Cuáles son sus objetivos?
Emocionaria es un proyecto de prestigio de la lengua gallega en el que empleo la literatura como punto de partida para aprender, sentir y actuar. Muchas de las historias son reales, como Carla, la delfín cachalote, APOSIOPESE, El barco de Navidad y URCO. Todas incorporan propuestas didácticas con juegos, música, audios, vídeos, actividades, experimentos, aposiotiempos y rutas para que la historia continúe más allá de la lectura.
A partir de ahí van surgiendo diferentes líneas. En la colección Un paseo por… invito a recuperar el mosaico milenario de Panxón, defender los garranos de la Serra da Groba, las tierras raras del Galiñeiro y los verdaderos valores de la Navidad. En Versos y abejas pongo el foco en la importancia de las abejas y de la polinización, y en el Herbario del solsticio de verano recupero los saberes populares en torno al ramo de San Juan. En otros proyectos como URCO, una historia reciclada y Son Xena, ¿me adoptas? invito a reflexionar sobre el bienestar animal, la adopción y la necesaria esterilización de los gatos ferales. En Misión para una hormiga, personajes como Safa, Gante, Fortunato, Puga, Xenaro o Chispa enseñan a cuidar los árboles, los mares, a reciclar y reutilizar residuos, a observar las estrellas y a comprender que los pequeños gestos cambian el planeta.
Y en obras como LOST o La órbita de Briana introduzco dimensiones más emocionales centradas en la autoestima y en la capacidad de afrontar las adversidades.
El objetivo es que cada libro despierte la curiosidad y anime a las personas a implicarse en el cuidado del patrimonio natural, en el bienestar de los animales y en la conservación de la biodiversidad para lograr un mundo más justo, más amable y más humano.
El proyecto apuesta claramente por la infancia y la juventud. ¿Crees que ahí se juega el futuro del gallego?
Sin duda. La infancia es el momento en el que nacen los vínculos más fuertes. Si el gallego está presente en las historias que emocionan, en los juegos, en los paseos, en la música y en las experiencias compartidas, será mucho más fácil que forme parte de la vida de esas niñas y niños cuando crezcan.
Creo en una infancia protagonista, que lee, experimenta, observa, pregunta, crea y transforma su entorno. Y ahora estoy abriendo nuevas líneas de trabajo dirigidas a la adolescencia y a la accesibilidad, incorporando la lengua de signos, otra lengua que también necesita ser escuchada.
¿Qué papel desempeña el territorio dentro de Emocionaria?
El territorio es una fuente inagotable de historias. Creo que solo podemos cuidar aquello que conocemos y queremos. Por eso los libros de Un paseo por Nigrán, Baiona, Gondomar o Un paseo por la Navidad de Vigo convierten playas, montes, ríos, petroglifos, pazos y leyendas en escenarios de aventuras.
Quiero que miremos el lugar donde vivimos con curiosidad, con orgullo y con la responsabilidad de conservarlo para las futuras generaciones.
Dices que el gallego nace del lugar, se transmite a través del afecto y se consolida en el uso cotidiano. ¿Crees que hoy estamos perdiendo alguno de esos tres pilares?
Creo que vivimos un momento en el que es necesario reforzarlos más que nunca. El gallego necesita seguir presente en los espacios donde se crean los afectos: en las casas, en las escuelas, en las bibliotecas, en las amistades, en la cultura y en el contacto con la naturaleza.
Siempre digo que la lengua nace del lugar porque cada paisaje tiene sus propias palabras; se transmite a través del afecto porque aprendemos a hablar con las personas a las que queremos; y se consolida cuando la usamos con naturalidad. Eso es lo que intento transmitir con Emocionaria: que cuidar la lengua es cuidar la memoria, el territorio, los animales, las personas y la vida que compartimos.