Hacer posible lo necesario

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"Concluí que ambos, de alguna manera y desde sus espacios y trayectorias vitales, representaban al pueblo de a pie, a quienes les mueven las cosas importantes para la mayoría"
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3 Nov 2026

Por Ana Belén Gómez.

Seguro que no fui la única en darme cuenta de la coincidencia de las muertes de Xosé Manuel Beiras y Mari Carmen (Abascal), más conocida por su nombre de pila, que fallecieron a principios del mes de octubre, solo con unas horas de diferencia, siendo ambos de la misma generación, la de las nueve décadas, que se dice pronto, o casi, a Mª Carmen le quedaban solo tres cumpleaños para alcanzar la tan preciada decena.

Pensé que no era una coincidencia sin más, que algún nexo común importante, que en principio se me escapaba, tenían que tener, aparte de una edad similar, un país en común y la muerte como final irreductible que nos iguala a todos con una precisión milimétrica.

Concluí que ambos, de alguna manera y desde sus espacios y trayectorias vitales, representaban al pueblo de a pie, a quienes les mueven las cosas importantes para la mayoría.

Nuestro querido Xosé Manuel Beiras, referente político y ejemplo en tantas cosas en esta Galicia que se despide de aquel que supo amarla tan bien, desde su docencia en gallego en la universidad en aquellos años en los que no era lo común, hasta la publicación de la ya imprescindible obra 'O atraso económico de Galicia', donde reflexiona valientemente sobre aquello que nadie había sido capaz de articular con anterioridad, un estudio y análisis socioeconómico riguroso de la sociedad gallega en su momento que perdura hasta nuestros días y todavía está, podríamos decir, más vigente que nunca, además de su inquebrantable compromiso con nuestra tierra y sus gentes, a las que amaba desde la coherencia entre las palabras, los hechos y, sobre todo, con su manera de hacer política. Para algunos, todo un personaje dado a las muestras inequívocas de su pasión, amor y compromiso por esta tierra y sus tradiciones, siempre a favor de un progreso real. De su ilustre boca salió esta frase que, aplicada siguiendo los principios de honradez e interés común, sería capaz algún día de revolucionar nuestros hemiciclos: “la política no es el arte de lo posible, sino el arte de hacer posible lo necesario”.

Por el contrario, Mª Carmen se había hecho famosa en un corto espacio de tiempo por ser protagonista indiscutible de su propia historia de activismo a favor del derecho a la vivienda, haciendo especial hincapié en los más frágiles como ella, como decíamos, casi nonagenaria y durante muchos años de su vulnerable vejez amenazada por la sombra de un posible desahucio de la vivienda donde había vivido durante más de 70 años, oponiéndose, protestando y atrincherándose con la ayuda de aquellas asociaciones, organismos sociales y sindicatos dentro de nuestro estado democrático que decidieron apoyarla contra el desahucio que, finalmente, llegó. Ese fue su legado, llevar su reivindicación, su derecho a un techo, hasta aquellos organismos que pudieran garantizarlo.

Lo consiguió, pero en el intento llegó también su último aliento. Hacer posible que la necesidad de un techo y una vivienda sea un asunto tratado desde el ámbito político para cambiar una realidad que aplasta los derechos básicos de los ciudadanos de a pie fue su último mérito: morir reivindicando el derecho a un techo y hacerlo parte de nuestra agenda política, que finalmente escuchó su clamor y creó el decreto Maricarmen, acuñado así en su nombre. Lo que me lleva a la frase anterior de nuestro amado y ahora añorado Beiras: “la política no es el arte de lo posible, sino el arte de hacer posible lo necesario”.

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